lunes, febrero 06, 2012
Debí haber
sido paciente con el suegro. Entre más lo pienso, más me intriga la idea de calcular
la probabilidad de un evento social. Finalmente, aún si no puedo encontrar un
marco teórico para tratarlo cuantitativamente, el concepto tiene mérito en términos
cualitativos. Yo mismo regresé a México por un cálculo de esta naturaleza. No
me gustó la probabilidad de sobrevivir en las trincheras.
jueves, enero 26, 2012
A la Sombra del Abuelo II
Sentado en
la sala de espera el Reverendo Edward Diamond se preguntaría por la probabilidad de volver a ver a su hija y a
sus nietos.
Se preguntaría por la probabilidad de volver a
su hija y a sus nietos porque la ciudad de México quedaba muy lejos de su casa
en Schenectady y los años le empezaban a pesar. Porque si en los últimos quince
años ésta era la primera vez que los astros se alineaban para poder venir a
visitar a su hija -probablemente el reverendo pensara en la voluntad de Dios y
no en la alineación de los astros, pero eso es pura especulación- el reverendo no estaba seguro de poder viajar
de nuevo en quince años más.
El
reverendo se preguntó por la probabilidad de volver a ver a su hija y no pudo
evitar sonreír. Unos días antes le había preguntado a su yerno si él, el
experto en aparatos de medición científica, podría calcular la probabilidad de
que ocurriesen todos los eventos que llevaron a que un niño nacido en
Shropshire, Kent en 1878, se despidiese de su hija y sus nietos en la Ciudad de
México en 1958, y la respuesta que había obtenido de su yerno había sido de una
complejidad alarmante, de la cual sólo le quedó claro que a su yerno le
molestaba hablar de la probabilidad de un evento social por algo que tenía que
ver con un apostador que
tira monedas –después de escuchar a su yerno por una hora larga argumentar porqué la probabilidad de un
fenómeno social es un concepto equivocado, al reverendo le surgieron más dudas,
incluida la de si su yerno era un apostador empedernido por la intensidad con
la que hablaba de apostar al resultado de un volado o de sacar una carta de un
mazo-. Parece que
el yerno estaba en contra de experimentar con personas como si fuesen monedas
–pero no de apostar al resultado- o algo por el estilo, y por tanto no estaba
dispuesto a discutir la probabilidad de que los eventos en la vida del
reverendo hubiesen ocurrido de esa manera y no otra.
Sentado en
la sala de espera, el reverendo pensaría –muy a pesar de la opinión del yerno-
en lo fabulosamente remoto que era cada uno de los eventos en su existencia –y
como en un dominó, lo remoto de los eventos en la existencia de su hija, su
yerno y sus nietos, a quienes no sabía si volvería a ver-. Haber vivido en Keewatin y Kenora en vez de Dehli y Calcuta,
nacer en el corazón del imperio en pleno apogeo del reinado de su majestad la Reina Victoria y morir –de eso no tenía
certeza, pero le parecía que las probabilidades eran altas, a pesar de las
reservas de su yerno- en Nueva York cuando éste se había convertido en el
centro nervioso de la nueva superpotencia.
Igual de
remoto le parecía sobrevivir –y como súbdito de la corona no pelear- dos
guerras mundiales como haber perdido a un sobrino después de firmado el
armisticio, desactivando una bomba de la Luftwaffe que había caído en Green
Park y decidió explotar precisamente en el momento en que el pobre James
Diamond la desactivaba –¿cual es la probabilidad de que una bomba que se negó a
explotar después de caer de cientos de metros de altura decida explotar
precisamente cuando uno intenta desactivarla?-, la probabilidad de volver a ver
al pobre James era cero, a menos que se encontrasen en la otra vida y ahí
lograsen reconocerse, pero si el hablar de la probabilidad de encontrarse a
alguien en esta vida había lanzado a su yerno en un arrebato de cólera, el
reverendo prefería no tocar el tema de encontrárselo en cualquier otra.
El
reverendo se preguntaba por la probabilidad de volver a ver a su hija y no pudo
evitar pensar en la probabilidad de volver a ver los lugares de una vida que
hace muchos años se había quedado atrás. Oír
de nuevo las campanas de su Mary-in-Hill, y ver el altar diseñado por el
mismo Wren. Volver a caminar por las colinas de Gales donde conoció a su mujer
o sentarse a escuchar el rumor del Támesis. Dar un paseo por Regent's Park o salir a Windsor
de fin de semana. Cazar venados a las afueras de Kenora y salir a patinar en los inmensos lagos congelados del invierno canadiense.
Ahí, sentado en la sala de espera en la ciudad de Mexico, el reverendo se daría cuenta de la vejez no es preguntarse por las probabilidades de volver a los lugares de la niñez o ver de nuevo a su hija y sus nietos. El reverendo se daría cuenta de que la vejez es conocer la probabilidad de estos eventos. Exactamente cero.
sábado, enero 21, 2012
Oaxaca
I
Cuando papá nos dijo que se retiraba del
negocio del mezcal mi hermano y yo decidimos regresar para seguir con la
tradición. De toda la vida el hizo
mezcal y lo vendía al mayoreo para que lo embotellaran. Nosotros queremos
nuestra propia marca de mezcal, artesanal, como papá nos enseñó. Su fábrica
estaba acá arriba, en el pueblo. Ahora él ya se retiró, pero me ayuda cuidando
mis magueyales y a veces viene y me echa
la mano con el mezcal. Tenemos unos magueyes acá atrás y otros por allá,
pasando el pueblo en un terrenito.
Yo estuve dieciséis años en Estados Unidos y mi
hermano sigue allá, me regresé apenas cuando papá nos dijo que se retiraba. Yo
hago el mezcal y mis hermanas lo embotellan en el pueblo. Mi hermano está
sacando los permisos para vender en Estados Unidos. Ya venden este mezcal en
algunos lugares en la colonia Roma en Mexico, una copita cuesta ochenta
pesos. Cuando terminemos la construcción
le voy a poner corazones en las paredes y las columnas. Además quiero colgar un
corazonzote en el techo. Estamos pensando también en poner un restoran, porque
en Matatlán no hay restoranes buenos, hay lugares de quesadillas y de tacos y así,
pero no hay ningún restorán, y queremos abrir uno donde se pueda comer de la comida
tradicional del pueblo.
La única
razón por la que paramos en ese lugar fue para tomarle fotos a los magueyes. Nos
detuvimos en el estacionamiento (poco más que un terraplén al lado de la
carretera) de una construcción que parecía mas una casa que una destilería y
tenía enfrente un letrero: “Fabrica de mezcal”. Mientras Rebe tomaba fotos del campo un
hombre joven se asomó a la ventana y me hizo señas invitándome a acercarme.
Adentro el
hombre joven hablaba con su padre junto a la montaña de magueyes que estaban a
punto de moler. Les pregunté si el
mezcal era verdaderamente elaborado en la pequeña casa y orgullosamente me
dijeron que si. Me mostraron el lugar en la parte trasera donde ponen los
magueyes a cocer -en un hoyo como la barbacoa, cocidos únicamente al vapor para que no se quemen, lo
importante es hacer una cama con deshechos entre la madera que se
quemará y los magueyes para evitar que se achicharren todos- y me dieron a
probar ese maguey tierno recién cocido, de sabor dulce y textura carnosa,
sorprendentemente cercano al acitrón (que bien visto, tampoco es sorprendente
si uno recuerda que el acitrón se hace
de la biznaga).
Regresamos
a la casa y me dijeron que el pozo de piedra en el que estaban amontonados los
corazones de maguey recién cocidos era el lugar donde se muelen antes de
fermentarlos -la molienda se hace con
una enorme piedra tirada por una yegua que va triturando los magueyes con cada
vuelta-. Las primeras dos vueltas son las más difíciles y hay que ayudarle a la
yegua, después ya agarra su paso y se sigue sola, nomás hay que ir jalando el maguey para molerlo de a pocos.
Junto al
pozo de piedra estaban los barriles con una mezcla en pleno estado de
fermentación –en época de calor en un
día se fermenta todo-. Una vez que la yegua ha terminado con su trabajo se
toman los magueyes y se ponen en un barril, al barril se le agregan doscientos
litros de agua caliente para empezar el proceso de fermentación y se deja
reposar. Al otro día se le agregan otros
tantos litros de agua fría y luego ya en un día más esta listo el mezcal para
destilarse.
Las enormes
ollas para destilar, el horno de leña, el serpentín y la pila de agua estaban
ahí mismo, participando como todos los demás implementos en la fábrica en la
alquimia del mezcal. La culminación de todo el proceso -cuidar los magueyes en
el campo por años hasta que están listos para ser cocidos, molidos, fermentados
y destilados- caía remolonamente y era recogido gota a gota por un bidón de plástico.
Le pusimos Mal de amor y otras historias por
eso, porque te saca y te arregla el mal de amor. El nombre nació en una fiesta acá
en el pueblo, estábamos en la casa y empezamos a tomar mezcal. Entonces cada
quien empezó a contar una historia, que si el engañado o a la que le rompieron
el corazón, un amigo nos contó de todos los problemas que tenía con su papá y
que se suelta a llorar. Y así, cada quien fue contando su historia y se nos ocurrió que cada copita de mezcal te
saca el mal de amor, y otras historias.
II
Esos dos collares son los únicos collares de mi
hermano que tenemos en la tienda. La
cerámica no es de alta temperatura, pero apenas. El horno se queda como a 20 ó 30
grados de los hornos de alta temperatura.
Si, Vicente es mi papá, él hizo esos platos. Mi
papá era alfarero de los que hacía mil platos al día, y los vendía a diez
centavos la pieza. Pero luego llegó mi hermano que es artista plástico, y le
dijo a mi papá que había que hacer cosas diferentes. Ahora mi papá hace trabajo
de otro tipo, como los platos que ustedes vieron o aquellos floreros. Este año
ha ganado tres primeros lugares nacionales en concursos de cerámica.
Le diré a mi hermano que les encantaron sus
collares. Hay piezas de mi papá y mi hermano en el museo del palacio de
gobierno. Si hay algo que les interesa
escriban un email y tal vez cuando mi hermano vaya al DF se los puede llevar.
III
Las gallinas bailando las hizo mi padre. Son de
diseño suyo original, nadie más las hace. Hay piezas de mi padre y mías en el
museo de San Bartolo Coyotepec. Esta del lado derecho de la carretera si van de
regreso a la ciudad. Ahí pueden verlas. También hay en algunos museos de la
Ciudad de México y en colecciones particulares.
Ganamos una beca para ir a Boston a mostrar cómo
se hacen los alebrijes a unos niños y en unas librerías. Ya hemos ido varias
veces. No tengo tarjeta, pero nuestros datos están en www.dancingchickens.com.
No, es lo menos. Es una pieza única, nunca voy
a volver a hacer una igual. Los cinco coyotes están tallados de una pieza de
madera. El negro representa la noche y el azul el día, el café el fuego, el
verde la tierra y el morado el espíritu. Esta pieza me tomó como una semana en
tallar la madera y luego tres días en pintarla. Es una pieza muy especial, y el que se la
lleve se va a llevar algo que nadie más tiene.
sábado, diciembre 03, 2011
A la Sombra del Abuelo I
Somos nuestra memoria,
somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
J.L. Borges
Años
después, a miles de kilómetros e infinitamente lejos –cualquier distancia
imposible de cubrir resulta infinita- los cafetales de Cosautlán le recordarían
a Jacobo aquellos campos de cerezos de su infancia.
Hijo de una
familia de eternos migrantes –de Lisboa a Nantes, Rotterdam, Amsterdam y de
vuelta a Portugal- Jacobo intuía que
solo se debe atesorar aquello que pudiese llevar consigo –y lo intuía no porque
fuese una vaga idea, sino porque lo sentía con el cuerpo completo, lo intuía en tanto que lo sabían también sus
genes, los poros de su piel, su estómago y esa zona entre el corazón y los
pulmones que se encarga de tomar decisiones en momentos importantes. El recuerdo de los cerezos en primavera y la
época de la vendimia en otoño serían pues lo único que acompañaría a Jacobo a
lo largo de su vida.
Jacobo Meireies
no
sería el primer ni último miembro de su familia en pasar por la vida con
recuerdos e ideas como posesiones más preciadas. Su abuelo, Asher Mreien –Asher
Meireies según los portugueses-, fue el primer miembro de su familia en volver a pisar Portugal más de trescientos años después
de la huida en 1526 que concluiría con la llegada a Amsterdam en 1627. Una vez
en Amsterdam la familia del abuelo se dedicó a imprimir libros –pues la de los impresores era una de las
pocas corporaciones abiertas a los judíos- y una vez que el negocio y la familia prosperaron, se dedicaron también a
la distribución de libros de otras imprentas. Según Asher, la primera Torah
encargada para la Esnoga de Amsterdam había sido impresa en los talleres
familiares.
Asher nunca
le contó a Jacobo cómo o porqué había decidido dejar la estabilidad de
Amsterdam por la aventura del Douro, pero Jacobo debe haber entendido lo
suficiente como para tomar la misma decisión y cruzar el Atlántico en busca de
fortuna. La historia no es clara –al
igual que su abuelo, Jacobo nunca le contó a sus nietos las razones por las que
había dejado Portugal y mucho menos las circunstancias bajo las cuales había
terminado plantando café en Cosautlán en vez de en Nueva York tallando
diamantes o vendiendo telas- pero todo parece indicar que alrededor de 1875
Jacobo llegó al puerto de Veracruz con la intención de seguir su viaje hasta
Nueva York. El misterio es que Jacobo
nunca tomó el siguiente barco –nunca pisaría Nueva York- y en vez de esto se estableció en Cosautlán,
donde eventualmente sería dueño de un pequeño plantío de café y un molino.
Hombre
curioso y de iniciativa, una vez que el
negocio del café se estabilizó se
aburrió de administrar una empresa donde todos los movimientos se repiten, con
variaciones infinitas pero ínfimas, año con año, estación con estación, y en vez de hacer fortuna se dedicó a importar
libros e inventarse proyectos. El recuerdo
de los viñedos en la rivera del Douro de su infancia y una interpretación extravagante
del trabajo de Darwin –uno de sus primos
le envió una copia de la primera edición de
El origen de las especies en holandés, impreso por supuesto en los talleres
de la casa Mreien- lo inspiraron para intentar
replicar las espectaculares terrazas sembradas de uvas y cerezos de Peso da
Régua y hacerse su propio viñedo en la
sierra veracruzana a orillas del rio Pescados.
De esta
manera, organizó desde su estudio en la casa de Cosautlán dos de los proyectos más
ambiciosos que hubiese visto jamás el pueblo. La lógica de Jacobo era
impecable: en Portugal los viñedos se encuentran en terrazas a orillas del rio,
y de acuerdo a Darwin debería ser posible obtener una especie híbrida,
descendiente de las uvas, que pudiese ser cultivada en el trópico y ser usada
para hacer vino.
Así fue que
Jacobo contrató a medio pueblo para cortar el cerro a la mitad y construir terrazas a orillas del rio Pescados -aún
hoy los viejos del pueblo le cuentan a los niños historias del español que se
volvió loco e intentó mover las montañas de lugar- y encargó varias docenas de
variedades de uva para combinarlas con las especies locales y obtener uvas
tropicales.
Por
supuesto ambos proyectos fueron un fracaso comercial, Jacobo nunca logró
construir una terraza con área cultivable de más de unos cuantos metros
cuadrados y sobra decir que jamás logró
obtener una especie de uva que pudiese crecer en las montañas del trópico.
Sin
embargo, hay que tener cuidado si uno
busca juzgar estos proyectos de acuerdo a su rendimiento económico. En el curso de su investigación Jacobo se
hizo de la biblioteca de biología y geología
más grande del estado de Veracruz (y posiblemente del país en su campo),
se convirtió en una autoridad mundial en
métodos de horticultura y mantuvo correspondencia con profesores de Oxford ,
Coímbra y la Real y Pontificia Universidad de México.
Siguiendo
el impulso que sentía en cada uno de sus genes, en los poros de su piel, en su
estómago y en esa zona entre el corazón y los pulmones, Jacobo invirtió todo el dinero que le rendían los
cafetales y el molino en letras e ideas,
el único equipaje con el que, además del recuerdo de los cerezos en primavera
y la época de la vendimia en otoño, Jacobo cargaría el resto de sus días.
jueves, septiembre 22, 2011
Trastornos del sueño
Con motivo
de mi viaje al sur -el sur geográfico y
el sur del que escribe Galeano- visité
la clínica de medicina del viajero en el Instituto Nacional de Nutrición al sur
–geográfico- de la ciudad. En la consulta el doctor me dijo que debía tomar
antimalariales y me dio a elegir entre dos posibles medicamentos. El primero
–Malarone- es un medicamento de última generación y no parece tener efectos
secundarios más allá de una posible irritación del estómago, puesto que debe
ser tomado diariamente desde una semana antes del inicio del viaje hasta cuatro
semanas después del regreso.
El segundo
medicamento -Lariam- se toma durante el mismo periodo pero
solamente una vez por semana. Es menos agresivo con el estómago (en virtud de
que se toma de manera mucho menos frecuente) pero en algunos casos produce
trastornos del sueño y alucinaciones, éstas
últimas solo en casos extraordinarios y después de una toma prolongada –es la
medicina que toman los soldados estadounidenses en Afganistán, y hay incluso reportes
de brotes psicóticos en soldados que han tomado la medicina por plazos mayores
a un año .
De manera práctica
y un tanto arriesgada -no hay que olvidar que soy miembro del club de los
insomnes- decidí tomar Lariam, por aquello de que sólo se toma una vez a la
semana y que flojera tener que tomarla diario mientras uno está de viaje.
Ahora creo
que debí haberme esforzado un poco y
elegir la pastilla de toma diaria. Los trastornos del sueño empezaron
paulatinamente. Al principio el único
síntoma consistía de un sueño muy ligero la noche en que me tomaba la pastilla.
Después de un par de semanas este efecto pasó, dando lugar a un fenómeno aún más
extraño en mí, y es que a la mañana
siguiente a la toma de la pastilla podía recordar lo soñado la noche anterior
(para mi es tan extraño recordar lo soñado que inmediatamente me di cuenta del
fenómeno).
Si los
efectos secundarios del Lariam hubieran acabado aquí me hubiera causado incluso
gracia, no está de más recordar lo que uno soñó de vez en cuando –con un poco
de suerte puede uno auto psicoanalizarse y se ahorra la terapia. Sin embargo,
ninguna de las advertencias del doctor me permitió prever los efectos de
la medicina y que el trastorno del sueño del que me advirtió podría referirse a
los sueños entendidos como los deseos o metas, objetivos, caprichos, planes y
esperanzas.
Me explico.
Aun en los días inmediatos anteriores a mi viaje y a la toma de la medicina, tenía muy claro lo que esperaba de esta vida.
Una casa con jardín y un par de perros llamados Lola y Maxwell, correr un
maratón, visitar los viñedos del valle de Guadalupe y encontrar un buen
restaurant de comida india en México, volver de alguna manera, en algún momento,
a la UNAM y escribir un poco más, vivir
junto a un rio, caminar bajo la lluvia, llevarte a tomar fotos del otro lado
del mundo y dejar de extrañarte.
Inicié el viaje hace apenas un mes, pero a veces me parece una época infinitamente lejana. Ahora mis ambiciones, mis deseos, mis sueños, no alcanzan más allá de cambiarle al canal de la televisión o conectarme al internet. Nada, no me imagino hacer planes y pensar en el futuro, la voluntad apenas si me alcanza para esperar a que se acabe el siguiente segmento de comerciales. La nitidez que la medicina le dio a mis sueños por la noche fue tomada de los sueños construidos en las horas de vigilia. Nunca me imaginé que el doctor me estuviese advirtiendo sobre estos trastornos, o mejor dicho, sobre trastornos en este tipo de sueños, pero bien pensado un brote de psicosis es el estado último de trastorno de los sueños entendidos como deseos o esperanzas.
Inicié el viaje hace apenas un mes, pero a veces me parece una época infinitamente lejana. Ahora mis ambiciones, mis deseos, mis sueños, no alcanzan más allá de cambiarle al canal de la televisión o conectarme al internet. Nada, no me imagino hacer planes y pensar en el futuro, la voluntad apenas si me alcanza para esperar a que se acabe el siguiente segmento de comerciales. La nitidez que la medicina le dio a mis sueños por la noche fue tomada de los sueños construidos en las horas de vigilia. Nunca me imaginé que el doctor me estuviese advirtiendo sobre estos trastornos, o mejor dicho, sobre trastornos en este tipo de sueños, pero bien pensado un brote de psicosis es el estado último de trastorno de los sueños entendidos como deseos o esperanzas.
Afortunadamente el efecto de la medicina se atenúa con el tiempo y éste lunes alcancé a levantarme temprano, ponerme traje y corbata, y llegar a la oficina a hacer cálculos, contestar correos que no podían esperar y hacer un poco de ejercicio por la noche. Sin embargo, con cada toma los trastornos del sueño han sido más pronunciados, el efecto más duradero y mañana debo tomarme la última pastilla.
miércoles, agosto 10, 2011
Hasta el fin de los dias
Hasta el fin de los dias muestra un mundo en el que un extraño puede convertirse de repente en el ser amado. Your kingdom come shows a world in which every perfect stranger can suddenly turn into a loved one.
Yo pasaba entonces una mas de mis periódicas etapas- de tristeza en los ojos y un aire de soledad las denominé entonces, no encuentro mejor forma para describir este estado que me aqueja con relativa frecuencia que el inglés feeling blue, pues no se trata de una tristeza convencional, sino de un periodo de calma reflexiva, profunda introspección y solamente un dejo de tristeza en el sentido latino de la palabra. Ese animo que encuentra su mejor compañía en un clima nublado y lluvioso, sentado a la orilla de un río o en la mesa de un café simplemente dejando al tiempo pasar.
Mientras el resto de la ciudad celebraba -en el sentido mas amplio de la palabra, con conciertos al aire libre, exposiciones de pintura junto a los canales y fiesta por las noches- el festival de primavera, yo intentaba sortear los días de clase en clase y llegar a la noche entre teoremas o sentando en un café acompañado del libro en turno.
Alguna tarde de lluvia y nubes decidí salir a caminar un poco por la ciudad, el clima perfecto para mi estado de animo, misery loves company. Sentado en la plaza escuchaba a lo lejos el concierto aquella tarde mientras veia la lluvia caer -con este poder hipnótico que el agua en movimiento tiene sobre mí y no logro entender del todo, el agua en movimiento, río o lluvia y su ruido y su sombra y sus olores y el olor a tierra mojada después de la lluvia que no existía entonces en Utrecht y probablemente no exista ahora, aunque estos días me baste abrir la ventana para oler la lluvia en la tierra, y pienso en el agua caer y mi espíritu sonríe un poco- y aquel día caminè mas lento para sentir la lluvia en mi cabeza y verla en los canales y la gente con paraguas cuando en realidad no hay nada como caminar bajo la lluvia para estar un poco menos triste y un poco más tranquilo.
Se acercó entonces un muchacho -chaleco verde y credencial de organizador del evento colgada del cuello- y me hizo una pregunta en holandés a la que muy a mi pesar no pude contestar mas que en inglés con un muy poco original "lo siento pero no hablo holandés". El organizador dijo que no importaba -como todos los holandeses hablaba ingles perfectamente- y me pregunto entonces si estaba interesado en participar en una obra de teatro. No tenía que preocuparme por el parlamento o por saber actuar, bastaba con estar en una de las esquinas de la plaza media hora más tarde y dedicarle otros treinta minutos a la función. Como no tenia ningún compromiso social, o un grupo de amigos al cual dejar abandonado, acepte con mucha mas curiosidad que ganas e impacientemente espere los treinta minutos necesarios antes de darle la vuelta al escenario, ir a la otra esquina de la plaza y esperar junto a la cabina gris que se me había señalado.
A la hora indicada regresó el organizador -mismo chaleco verde e identificación colgada del pecho- y me dijo que por favor me sentara en los escalones que llevaban a una puerta en la cabina, me pidió que me quitara los zapatos y calcetines y que entrara en el teatro cabina sin darme más indicaciones sobre lo que debía hacer en esta obra que me había comprometido a participar y estaba por comenzar.
En la cabina había una silla y una hielera, un ventilador y al fondo un espejo, el muchacho del chaleco verde cerró la puerta y quedé completamente a obscuras por un momento. Se encendieron entonces otras luces y con ellas entendí, al menos en parte, de que se trataba esta extraña obra de teatro en la que estaba a punto de participar. A la mitad de la cabina -que resultó ser una caja de trailer acondicionada para el espectáculo- se encontraba un vidrio que hacia también las veces de espejo dependiendo de la luz, y del otro lado del vidrio había un espacio acondicionado de manera similar al mio, una silla, ventilador y una tetera con un par de cajas de té. Además de estos accesorios del otro lado del vidrio había, por supuesto, una chica joven, tal vez un par de años mas grande que yo, de pelo castaño y ojos verdes.
Escuché entonces la voz de la chica (aunque no era ella, pues sus labios no se movían), que me contaba cosas sin un orden aparente y un tanto íntimas, el tipo de cosas que se cuentan en una primera o segunda cita. Que no le gustan sus pies y que tiene manos muy sensibles, que su cabello era un desastre pero que era suave y le gustaba la forma en que caía en sus hombros en las mañanas de primavera. Nunca supe exactamente que es lo que yo le decía, pero de vez en cuando ella me dedicaba una sonrisa. Me dijo también, como si pudiera leer mis pensamientos, lo mucho que extrañaba tener contacto humano, un simple abrazo o caricia; me sorprendió un poco cuando me confesó cuanto le molestaba que en un autobús, cuando alguien por casualidad llegaba a tocarla, en vez de hablarle, el individuo en cuestión se disculpara, rompiendo su ilusión de haber encontrado alguien que la pensara lo suficientemente interesante como para acercársele.
Ella se hizo un té -frutas del bosque si esta cansada de mi, manzanilla si aun le causo algo de curiosidad- manzanilla afortunadamente, y yo le confesé que me parecía linda con un jugo de naranja. Se atrevió a preguntarme qué pasaría si ese cuarto fuera todo lo que quedaba del mundo, ¿podría yo,que la había visto por primera vez esa tarde, aprender a amar sus ojos?, habló de un mundo perfecto donde un extraño puede convertirse de repente en el ser amado. Nos tomamos de la mano a través del cristal justo en el momento en que nos quedamos a obscuras. Me dijo entonces en palabras que aún suenan en mis oídos:
You come home late at night, you put off the alarm and just before you go to sleep, you leave the front door ajar for the burglar whom silently comes to steal your heart. Today that’s me....
Se abre entonces la puerta de la cabina, el cristal es de nuevo un espejo y a los pies de la escalera encuentro no mis zapatos sino un par de pequeñas zapatillas rojas. Veo entonces que se acerca mi compañera de función con mis zapatos y, seguro de que era inglesa -su acento la delató después de todo- le pregunto cual es su nombre. Ella me dedico una mirada de tristeza (que yo entendería poco despues) y me preguntó si no había escuchado la cinta en holandés. Entendíentonces que mientras yo había escuchado a una chica inglesa, de su lado de la cabina la voz había sido la de un muchacho holandés. Este detalle final -sabíamos que la voz que habíamos escuchado no era del otro, y eso no era problema, pero enterarnos de que no había posibilidad de que la voz no fuera la del otro o la propia rompió un poco el encanto- me trajo de vuelta al festival de primavera, el concierto y la lluvia y se encargo de cerrar ese mundo donde solo existen la cabina de trailer y un par de ojos verdes.
Regresando a mi habitación me dediqué a escribir una crónica del episodio buscando conservar todos aquellos detalles que en el momento son mágicos y con el tiempo se olvidan. De ésta crónica surgió la entrada kingdom come y una inquietud por encontrar un poco más de este teatro tan poco convencional que por treinta minutos me regalo unos ojos verdes.
Hace un par de dias encontré la pagina web de Dries Verhoeben, director de aquella puesta en escena, y en ésta un video donde se muestra parte de esta obra que ahora recuerdo. Recién me entero de que en la obra David habla por mi (lo cual puede simplemente referirse a que el David en inglés es distinto al David en español, un hecho bien conocido, y aunque en ambos casos la voz es modulada por la misma boca y expulsada por los mismos pulmones, son personas diferentes las que hablan), que al tomar jugo de naranja le confesé a los ojos verdes que a pesar de mi timidez la encontraba atractiva -I'm almost too shy to say it, but if I think you're beautiful I'll take orange juice- y recordé las atrevidas confesiones con las que me cautivó - if it's been too long I get what I call phantom pain, the insides of my arms start to itch- además de darme cuenta de que yo le había dicho lo propio -I call out for someone to help me get rid of the itch, someone who will fill the void-.
Ahora levanto la vista de esta pantalla y me doy cuenta de que el cristal de la ventana también funciona como espejo dependiendo de la luz, y que tu estas de aquel lado y yo escucho tu voz todo el tiempo aunque no seas tu la que habla. Estoy pensando en dejar algún día mis zapatos afuera, y esperar a que vengas a entregarmelos.
jueves, julio 28, 2011
Alergias
Creo que en algún momento escribí acerca de las múltiples alergias que padezco. De pequeño sufría ataques de asma y unos años después desarrollé una alergia a la penicilina que entonces me pareció cómica y ahora me inquieta. Los años que viví en Inglaterra descubrí indicios de fiebre del heno, y cuando empieza la primavera el parque del Buen Retiro me genera cierto escozor en la garganta.
Nada de esto sería extraño de no ser por la otra alergia que detecté y cuyos sintomas no correspondían a ningún cuadro clínico que hubiese podido encontrar. Al principio únicamente sospechaba que se trataba de un padecimiento nuevo, porque los síntomas apenas eran perceptibles, pero cuando se hicieron patentes no hubo lugar a duda, soy alérgico a la distancia y lo manifiesto con unos ataques incontrolables de suspiros.
El principal detonador de este mal de lejanias era, en aquellos tiempos, el irme a dormir sabiendo que a tu día le quedaba una jornada entera. No había nada peor que levantarme al día siguiente sabiendo que seguías despierta, así me enterara de esto horas o días después. El tormento continuaba al despertar por supuesto, imaginarme las horas que faltaban para que despertaras -más aún aquella época en que me levantaba temprano y tu siempre dormilona- era tan dificil como conciliar el sueño la noche anterior. Esto no me dejaba mas remedio que inventarme cualquier cosa y desgranar las horas del día llenas de suspiros -sigh the day away dirían los ingleses, tan concisos como acertados.
No es sorprendente entonces que ademas de estos ataques de suspiros el cuadro de sintomas incluyera un insomnio de perros, pues bien mirado, yo lo que estaba haciendo era ir a la cama en Londres intentando dormir en Mexico.
Pasan los años y esta vez eres tu la que esta siete zonas horarias adelante, unos once mil quinientos kilometros medidos en el ecuador o diez mil si nos vamos por la geodesica, cuatro semanas si lo que medimos es el tiempo que falta para encontrarte o seis meses si esperamos a que vengas a la casa de coyoacan. Igual de lejos que antes -el problema con la distancia no son los kilometros sino el tiempo, el que falta para verte y los usos horarios que hay en el camino- pero adelante en el tiempo.
Soy yo el que sigue frente a una computadora, traje y corbata, una jornada entera aun, cuando tu pones el despertador y apagas la luz. Y entonces sucede lo inevitable, los sentimientos -y las enfermedades, y las alergias- no entienden de razon, y esta situacion que antes te envidiaba y en la que ahora me encuentro, es igual de complicada. Esta vez la tentacion no esta en esperar al menos a que llegues a tu casa por la tarde para poder dormir, sino esperar despierto a que suene tu despertador, desayunes algo rapido y acompañarte a la oficina antes de decidirme a dormir.
Asi, caigo de vuelta en viejos males y no hay nadie que pueda ayudarme, pero creo que hoy dormire bien, porque apenas faltan un par de horas para que despiertes, simplemente esperare para darte los buenos dias, y luego ya apagare la luz.
lunes, julio 25, 2011
Juan Bravo, Marzo 2009
Son ya algunas semanas desde que pusiste letras y palabras en un sobre con mi dirección. La carta no ha llegado aun, y me pregunto si se ha perdido en el infinito trayecto entre México y Madrid, o únicamente recuerda aquella época donde la comunicación entre las dos orillas del océano era cuestión de meses.
Tal vez sea mejor así, porque me puedo imaginar cada vez que fue lo que escribiste de acuerdo a mi gusto o estado de animo, de algún modo al no llegar la carta que escribiste, es como si me hubieras escrito todas las cartas que me pudiste haber escrito, y yo puedo escoger la que mas me guste -fíjate que aun así era necesario cerrar el sobre, ponerle un timbre y depositarlo en un buzón- y cambiarla tantas veces quiera.
Como siempre, me es imposible guardarte la misma consideración y debo negarte el placer de esas cosas que a mi tanto me gustan -elegir tus palabras- pues al recibir esta carta sabrás exáctamente lo que yo escribí y no podrás disfrutar como yo de cambiar esta carta a voluntad, al recibir estas palabras inmediatamente dejarás de recibir todas las demás cartas que pude haberte escrito en vez de esta.
No se si sea aun más ruin que me llevo esa oportunidad precisamente para informarte de mi fortuna. Se me ocurre sin embargo una tercera alternativa, que no te permitirá elegir el inicio -¿quien puede elegir el inicio de cualquier manera?- pero sí el final...
sábado, julio 09, 2011
Entre otras cosas
Atrás quedaron los días de extrañar el olor a tierra mojada después de la lluvia. Ese sentimiento tan de los años lejos y de los días de ausencias.
Quedaron atrás porque estoy de vuelta en la ciudad de México; y no se si debería decir que estoy de vuelta o simplemente decir que quedaron atrás ahora que estoy en la ciudad de México, mi regreso podría no ser definitivo por lo que no estaría de vuelta, sino de paso, en una visita larga; podría haber venido solamente un momento a la ciudad para seguirla extrañando cuando me vaya, pasar un verano bajo sus nubes y sobre su tierra mojada y volver a oler la lluvia y poder pensar en ella los años lejos.
Entonces tal vez debería ser mas cuidadoso y no decir que los días de extrañar el olor a tierra mojada después de la lluvia han quedado atrás, tal vez solamente han sido suspendidos por un tiempo en lo que estoy de paso en esta ciudad y me esperan de vuelta, escondidos en los futuros años lejos y días de ausencia que aun no me imagino ni anticipo, y cuyo principio y fin desconozco, pero que no por eso son menos reales. Igual de reales que aquellos años y días de lejanías y ausencias pasados, cuyo principio y fin, fecha y hora conozco ya.
Así, aunque estos días o años sigan siendo de ausencias y lejanías, y desconozcamos la fecha y hora de su posible fin, abro mi ventana y no extraño el olor a tierra mojada después de la lluvia.
lunes, agosto 31, 2009
Agüesom
-Jo tio!!!, conoceis las caras de Agüesom?
Vi en el reflejo de la puerta al chavo que hablaba de este tal Agüesom. Nunca habia escuchado de el y pense que deberia tratarse de un grafitero local o algun artista tipo Banksy. Ademas el nombre no me sonaba como un nombre en español. Cuando decidi recordar el nombre para buscarlo al llegar a casa, contesto uno de sus acompañantes:
-Agüesom? No, no las conozco.
-No conoceis las caras de Agüesom?
-No.
-Vaaaale tio, las caras de Agüesome.
-Ahh, jo tio, pero claaaar0.
-Vuestro ingles tampoco es perfecto....
Agüesome indid.
